Inicio > Cosas de la vida, Filosofía, Sociedades > De la tecnología y el reduccionismo

De la tecnología y el reduccionismo

Advertencia: Por amor a la autenticidad, este artículo ha sido escrito sin la colaboración del gigante de la información, el internet.

Entre la máquina y la herramienta existe una diferencia clave. Mientras que la primera ayuda al hombre en el desempeño de una labor específica, la segunda le automatiza la tarea, minimizando su esfuerzo y tercerizando su participación. Una carretilla, por ejemplo, permite desplazar objetos de un tamaño y peso determinados con facilidad, mientras que un carro permite desplazar objetos – incluso personas – de un tamaño y un peso mucho mayor al que la carretilla permite, y requiriendo un esfuerzo físico mucho menor.

Las grandes comodidades de la vida han venido al mundo gracias a la tecnología. Ésta se ha encargado de facilitar y simplificar las tareas a los seres humanos, de tal forma que con el menor esfuerzo se logra la mayor productividad posible. La diferencia que existe entre la imprenta y el escriba es abismal; aunque ambos producen/reproducen libros, hay una gran diferencia entre la calidad y cantidad de la producción de uno a la cantidad y calidad de producción del otro.

Y se trata de eso, de exactamente eso. La tecnología, cuanto más compleja se hace, más simplifica las actividades del hombre, lo que de a poco podría terminar simplificando los quehaceres de su vida. Se ha convertido en una especie de principio del progreso tecnológico. Las fotos son más inmediatas que los retratos pintados, las distancias se hacen más cortas en autos que en bicicleta, y así, surgen numerosos ejemplos. Las actividades se automatizan, lo que hace que el hombre no realice gran esfuerzo para cumplir su objetivo. Con mover palancas, pisar pedales, halar gatillos y pisar botones, se consiguen arar varias hectáreas de tierra 10 veces más rápido que tomaría hacerlo con herramientas convencionales. Éste tipo de ejemplos demuestran que el progreso no sólo pretende hacernos la vida más cómoda, sino también más inmediata, pues en la misma medida que las cosas sean simplificadas, nos tomará menos tiempo llevarlas a cabo.

En las primeras unidades de lógica es menester hablar de la diferencia entre lenguaje natural y lenguaje artificial, entendiendo el segundo como aquel lenguaje que se utiliza con fines determinados en momentos específicos. El ejemplo de los semáforos es típico: los colores son una forma ingeniosa e inmediata de advertir al que maneja que es momento de detenerse, de esperar, o de disminuir la marcha. Sería demasiado trabajoso que el semáforo, en vez del clásico sistema rojo-amarillo-verde, mostrase un cartel monocromático con las señalizaciones: “adelante” o “deténgase, o “alerta”. Los miopes podrían confundirse, distinguir la palabra a la distancia es mucho menos inmediato que percibir el color y punto.

Esto deja claro entonces, que mientras más inmediato sea el mundo, mejor. Esta característica, la de la inmediatez, pareciera ser una consecuencia de la tecnología o de la modernidad; la masificación de las industrias trajo consigo la rapidez de la elaboración de sus  productos, de forma tal que en menos tiempo se puedan hacer muchos más – productividad y eficacia -. Sirva otra vez el ejemplo de los escribas y el de las imprentas: el escriba no es nada más que una imprenta lenta, mientras que la imprenta es más bien un escriba rápido – y preciso -. Será más útil para el hombre y para la sociedad la imprenta que el escriba, porque la primera puede hacer en mucho menos tiempo y de forma más exacta más libros que el segundo.

He dicho que pareciera que la inmediatez fuese una consecuencia de la tecnología, pero no: es más bien al revés; la tecnología es una consecuencia de la inmediatez. El fin de la tecnología es hacer más fácil la vida del hombre – y por más fácil también se puede entender más inmediata -.  Las herramientas tenían como fin facilitar la labor del hombre; la tecnología es un medio muy bien desarrollado que colabora con ese fin.

Es evidente que el progreso tecnológico aún no encuentra su techo – si es que lo tiene -, pero ya ha logrado hacernos la vida bastante cómoda y sencilla. En este año 2012, es posible que una persona envíe un documento de más de 300 páginas desde Maracaibo hasta Tegucigalpa en cuestiónes de segundos, sin que el emisor ni el receptor tengan necesariamente que salir de su país. También, es posible que un pintor famoso vaya a desayunar en París, a almorzar en Italia, vea una película encima del  Mar Atlántico, cene en Miami y duerma en California. Aunque no todas las personas tengan acceso a tan figurante itinerario, la mera posibilidad deslumbra; la tecnología ha logrado reducir la duración de nuestras actividades – tediosas y no tediosas – brindándonos la oportunidad de realizar varias actividades al mismo tiempo, o varias el mismo día.

El progreso tecnológico es la manifestación auténtica de la inmediatez y de la facilidad Y quizá sea esto, lo que se ha venido calando en nuestro juicio, lo que ha subordinado nuestra forma de pensar, lo que ha condicionado nuestra forma de hacer. Tal manifestación nos ha acostumbrado a lo fácil, de tal forma que las cosas que aún la tecnología no puede resolver, se nos hacen demasiado tediosas y demasiado laboriosas, y por lo tanto, como su elaboración se ha convertido en un acto ajeno a nuestra naturaleza – porque se nos hace algo natural apelar y apostar por lo inmediato – las dejamos sin hacer, o las dejamos de hacer. ¿De qué nos sirve tener todas las comodidades del mundo para escribir un documento de 300 páginas y enviárselo a un doctor en ciencias políticas ansioso por leerlo, si nos invade el tedio al momento de escribir?

El ejemplo de escribir es un poco personal, pero existen tantos como personas. La persona que quiere adelgazar, puede – gracias al auto – desplazarse hasta el gimnasio, puede – gracias a los equipos de sonido o a los auriculares – escuchar música que le motive en el camino o durante su ejercicio, puede – gracias a la imprenta, al internet, o a la radio – tomar nota de una dieta apta para su deseo, puede – gracias a las poleas, palancas y demás herramientas – hacer ejercicio a su gusto, o en su casa. E incluso aún,  en el más extremo de los casos, puede – gracias a la medicina y sus avances sobrehumanos – adelgazar mediante el bisturí – aunque no todos tengan la solvencia económica que requiera -. Son, a decir verdad, demasiadas posibilidades, demasiadas facilidades para hacerlo; en cambio, el que está descontento con su peso decide quejarse porque no tiene carro para ir al gimnasio, porque le da pereza irse en taxi o en transporte público, porque no le gusta la música del lugar adonde va, porque no cree en las dietas, porque el ejercicio le parece monótono, y porque las operaciones le dan miedo. A la final, tantos medios disuelven los fines. Nuestra voluntad está condicionada por su contexto, porque lo que queremos/debemos hacer, requiere de un esfuerzo mucho mayor al que estamos acostumbrados. Pregunto de nuevo, ¿De qué nos sirven tantos medios, si nos quedamos sin alcanzar nuestros fines?

Presumo que en tiempos anteriores, cuando sólo había una o dos formas de hacer las cosas, se hacían de forma diligente y sin trabas. Enviar una carta era cuestión de escribir sobre papel con pluma, y enviarla era cuestión de usar el sistema de correos, o de lanzar la carta dentro de una botella al mar. Resumir las actividades del día era cuestión de llevar un diario y dedicarle tiempo al final de la jornada, y no de actualizar status en las redes sociales.

Poco a poco persigo el punto de vista que me atañe; el del escritor, puesto que nosotrs también hemos sido víctimas de este mal. Es más sencillo condensar sabiduría en 140 caracteres que en 140 páginas; y no sólo es más sencillo, sino que el lector – a la final – es más agradecido, porque su mismo tedio tecnológico le ha entumecido el interés por leer textos prolongados. El escritor se ha acostumbrado a escribir poco, porque a) tantos medios implican demasiadas distracciones, por lo que su naturaleza no está acostumbrada a invertir tanto tiempo en una actividad, y se distrae b) le deprime no ser leído, puesto que el lector, como dije anteriormente, está acostumbrado a no leer c) es víctima del tedio tecnológico.

La inmediatez y la facilidad han sido siempre cuestión del hombre; los animales no comparten tal cualidad. Naturalmente, los pájaros carpinteros vuelan de rama en rama y se alimentan de la fruta de los árboles, y no han decidido – aún, y por las razones obvias – cambiar su forma de alimentación ni industrializar su labor, y lo han venido haciendo así desde hace años. Estas cualidades del hombre, que se manifiestan a través del progreso científico – y por ende, tecnológico – se han inmiscuido tanto en su vida, que han cambiando lentamente su forma de pensar y de actuar con respecto a las épocas anteriores. Señalo – aunque no con tanto ímpetu – los libros de biología de Serafín Mazparrote de nuestra educación básica, como víctimas y/o victimarios de tal hecho. La definición de un término se encontraba conceptualizada, definida y delimitada en unos particulares rectángulos amarillos, por lo que el estudiante, al momento de estudiar, aprendía de memoria el contenido de los populares “cuadritos amarillos” y se daba por satisfecho. Este tipo de detalles – no culpo al libro, el cual era muy completo en contenido – bien repartidos por el resto de los textos escolares y por el internet, nos acostumbran a saciarnos la curiosidad con poco, dejando de lado el verdadero contenido de la cuestión. Decir que la energía hidroeléctrica consiste en aprovechar la fuerza del agua para mover unas grandes turbinas que generen energía eléctrica es explicar sólo el comienzo, pero con la curiosidad mal acostumbrada al reduccionismo, nos quedamos allí.

Y esto, encaminado a lo que me ataña, es lo que le ha ocurrido al educador, y por otro lado, también al escritor. El reduccionismo, en su labor sintetizadora, muchas veces se desprende la profundidad de lo que reduce en pro de rescatar las formas esenciales y principales de la cuestión en cuestión. Pretende delimitar un concepto, un principio, o una categoría, pero sin querer sacrifica su fondo. Es como tomar una fotografía a un pozo profundo: entendemos y reconocemos el pozo, e incluso percibimos su negrura, pero jamás entendemos qué tan profundo es. Lo peor; es que si nos dan a elegir, nos quedamos con la polaroid del pozo, y no con la experiencia real de conocerlo.

Cabe hacerse la pregunta; ¿Es tan fuerte la influencia de la tecnología que hace hasta al escritor menos escritor – en cantidad – y menos lector al lector? ¿Es tan grande su alcance, que ha condicionado a los escritores y lectores a leer poco y a escribir poco? No quiero pensar que sí, pero casi no puedo pensar que no. Como hombre con ligero sobrepeso que soy, no adelgazo aunque tengo los medios necesarios y suficientes para hacerlo, como licenciado en filosofía que soy, tengo todos los medios para escribir – la importancia de escribir para el filósofo la medité en la entrada anterior – y no escribo. Como ser humano que soy, tengo todos los medios posibles a mi alcance para dejar un día la computadora, las redes sociales, las ataderas tecnológicas – y las costumbres que arrastran -, y salir y hacer todo lo que siempre he querido – y he podido – hacer, pero no lo hago. Triste; pero al menos me consuelan dos cosas: Primero: todas las personas que conozco – incluso hasta mis ideales – hacen lo mismo que yo, son víctimas igual que yo, y se acostumbran igual que yo. Y segundo; no siento que este tedio de las simplificaciones me deshumanice. La deshumanización – y caigo otra vez en el reduccionismo – es el acto de hacerse menos humano, de dejar de ser humano poco a poco o bruscamente; el tedio, la pereza, el fastidio, la dependencia por las máquinas y todas las consecuencias que surgen del gran progreso tecnológico, no son males sufridos por animales ni por plantas, sino sólo por el hombre mismo. Hablar de deshumanización por ser víctima del tedio es hablar concretamente de humanos, no de animales.

Aunque quizá sí sea hablar de engranajes…

 

  1. Aún no hay comentarios.
  1. 1 de diciembre de 2017 de 4:57 PM

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: